
Descubre cómo elegir el vino perfecto para cada ocasión
Experta en vinos y catas para empresas y restaurantes

Beaujolais Nouveau: el vino que no puede esperar (¡y tú tampoco deberías!)
¡Atención, amantes del vino! Cada noviembre llega el Beaujolais Nouveau: un vino joven, frutal y juguetón, listo para beberse en menos de dos meses. ¿Listos para brindar con la cosecha más impaciente del mundo?
Imagina esto: es noviembre, empieza a hacer frío, y de repente… ¡zas! Llega el vino más impaciente del mundo. Hablamos del Beaujolais Nouveau, ese vino jovencísimo que nace en septiembre y ya está listo para brindar en noviembre. Sí, lees bien: en menos de dos meses pasa de la viña a tu copa.
Cada tercer jueves de noviembre, como por arte de magia (o de muy buen marketing), el Beaujolais Nouveau se libera al mundo. Y no es cualquier vino: es una celebración, una fiesta en botella, con aromas a frambuesa, fresa y hasta plátano. ¿Raro? ¡Para nada! Es puro encanto frutal, fresco, ligero y con una sonrisa en cada sorbo.
¿De dónde viene este vino tan especial? Del sur de Borgoña, en Francia, en una región llamada Beaujolais. Allí, la uva protagonista es la Gamay, una variedad que no necesita años en barrica ni oscuras bodegas para brillar. Al contrario: su superpoder es ser divertida, accesible y rápida de hacer.
El secreto está en cómo se elabora: mediante una técnica llamada maceración carbónica. Básicamente, los racimos enteros de uva fermentan dentro de sus propias bayas, sin pisar ni prensar. El resultado es un vino jugoso, con pocos taninos, muy aromático y con una acidez que despierta los sentidos. Se bebe frío —sí, frío, como un vino blanco— y se disfruta sin ceremonias.
¿Sabías que originalmente era un vino para los propios viticultores? Tras la vendimia, los productores lo preparaban para brindar por el trabajo bien hecho. Pero en los años 50, un tipo visionario llamado Georges Duboeuf pensó: “¡Esto tiene que llegar a todo el mundo!”. Y así nació la fiebre del Beaujolais Nouveau. Llegó a París en motocicleta, cruzó el Atlántico en avión… ¡y hoy se bebe desde Tokio hasta Nueva York!
Claro, con tanta popularidad también llegó la crítica. Algunos lo tachan de “vino de marketing”, y es cierto que hay versiones muy comerciales. Pero ojo: no todos los Beaujolais Nouveau son iguales. Cada vez más, pequeños productores artesanales —especialmente en los famosos crus como Morgon o Fleurie— elaboran su versión con uvas de cultivo ecológico, sin químicos innecesarios y con fermentaciones naturales. El resultado es un vino joven, sí, pero con alma, autenticidad… y mucho sabor.
¿Con qué lo acompañas? Con lo que quieras. Es un vino versátil: va genial con una tabla de embutidos, una pizza recién hecha, una tortilla de patatas o incluso con el pavo de Acción de Gracias (¡los estadounidenses lo adoran para esa fecha!). Y aunque no es un vino para guardar —lo ideal es beberlo en los primeros meses—, eso forma parte de su encanto: es un vino del momento, como un destello de alegría efímera.
Así que este noviembre, no te lo pienses dos veces. Busca una botella de Beaujolais Nouveau, enfríala un poco, invita a alguien especial y brindad por la cosecha recién nacida. Porque en el mundo del vino, a veces lo mejor no es lo más serio… ¡sino lo más divertido!

Palabras bonitas del vino (y por qué suenan como poesía en una copa)
¿Te suenan a hechizo palabras como terroir, bâtonnage o envero? Descubre el lenguaje secreto del vino: no es magia, es poesía técnica con alma… y mucho que contar.
¿Alguna vez has escuchado a un enólogo hablar y te ha parecido que usaba un idioma secreto, medio francés, medio hechizo? No estás equivocado. El mundo del vino está lleno de palabras que suenan a poesía, a misterio… o directamente a magia en una bodega. Pero tranquilo: no es brujería, es solo lenguaje técnico con alma. Y hoy te las contamos en clave cercana, amena y con un toque de divulgación.
Envero: el momento en que la uva decide crecer
Imagina un racimo de uvas verdes en pleno verano. De repente, en julio o agosto (dependiendo de la zona), algo mágico ocurre: empiezan a cambiar de color. Las tintas se tornan moradas; las blancas, doradas o traslúcidas. Ese instante se llama envero, y marca el inicio de la maduración final. Es como si la uva dijera: “Vale, ya soy adulta”. A partir de ahí, acumula azúcares, pierde acidez y desarrolla aromas. Para el viticultor, el envero es la señal de que la vendimia está cerca… y de que el trabajo se pone emocionante.
Duelas: no son de madera para muebles, ¡son el alma de la barrica!
Las duelas son las tablas curvadas que forman una barrica. Sí, esas piezas de roble que abrazan al vino durante su crianza. Cada duela tiene una historia: su origen (francés, americano, húngaro), su grado de tostado, su poro… y todo eso influye en cómo el vino evoluciona. ¿Sabías que el roble no solo da sabor (vainilla, especias, humo), sino que también suaviza los taninos? Las duelas, en silencio, son parte del guion invisible de cada vino con crianza.
Bâtonnage: agitar con cariño
Pronúncialo con acento francés y ya suena elegante: ba-to-na-zh. Pero en realidad, es más sencillo de lo que parece. El bâtonnage es el gesto de remover las lías en el fondo del depósito o la barrica. ¿Por qué? Porque esas levaduras muertas, en vez de ser residuo, se convierten en aliadas: aportan textura, cremosidad y notas tostadas o de pan recién horneado. Es como darles un abrazo al vino mientras duerme. Muy francés, muy delicado.
Lías: lo que sobra… que en realidad es oro líquido
Las lías son los sedimentos que quedan tras la fermentación: levaduras muertas, restos de uva, pepitas… Antes se eliminaban, pero hoy muchos elaboradores las aprovechan. Dejar el vino en contacto con sus lías —sobre todo en blancos como el Chardonnay o los albariños más complejos— le da volumen, untuosidad y aromas especiales (panadería, nuez, miel…). Es como si el vino se abrigara con su propia historia.
Vendimia: más que una cosecha, un ritual
No es solo “recoger uva”. La vendimia es un momento mágico: madrugones, manos llenas de mosto, risas en la viña y la emoción de saber que ese fruto se convertirá en vino. Hoy hay vendimias manuales (más respetuosas) y mecánicas (más rápidas), pero todas comparten algo: marcan el inicio de la transformación. Cada vendimia es única, porque cada año el clima, la lluvia y el sol escriben una historia distinta.
Terroir: el alma del lugar en una copa
Quizá la palabra más bonita de todas. Terroir (léase terruá) no tiene traducción exacta. Es el conjunto de factores naturales —suelo, clima, altitud, orientación, variedad…— que hacen que un vino sea irrepetible. Dos viñedos vecinos pueden producir vinos distintos solo por unos metros de diferencia. El terroir es lo que hace que un vino no sea solo vino, sino la voz de un lugar.
Estas palabras no están ahí para impresionar (bueno, a veces un poquito sí). Están para contar historias: de uvas que maduran en silencio, de madera que abraza el tiempo, de levaduras que dan sabor. El vino no es solo alcohol y uva; es cultura, ciencia… y poesía líquida.
Así que la próxima vez que escuches “envero”, “bâtonnage” o “terroir”, no te asustes. Son solo palabras bonitas que esconden gestos llenos de cuidado, tradición y pasión. Y eso, querido/a bebedor/a, siempre sabe bien en una copa.

¿Cómo afectan la latitud y la altura a los vinos que bebemos?
Latitud y altitud moldean el sabor del vino: una define si la vid puede crecer, la otra la hace brillar. Descubre cómo el mapa se escribe en cada copa.
¿Alguna vez te has preguntado por qué un Malbec de Argentina sabe tan diferente a uno de Burdeos, o por qué un Albariño gallego es tan fresco incluso en verano? Detrás de esas diferencias hay muchos factores, pero dos de los más importantes son dónde está el viñedo en el mapa (latitud) y a cuántos metros sobre el nivel del mar (altitud). Ambos influyen directamente en el clima que vive la vid… y, por tanto, en el sabor del vino.
Latitud: el “cinturón del vino”
La vid no crece en cualquier parte del mundo. Para producir uvas de calidad, necesita condiciones climáticas específicas que se dan, principalmente, entre los 30° y los 50° de latitud, tanto al norte como al sur del ecuador. Fuera de esta franja, o hace demasiado calor (cerca del ecuador) o demasiado frío (cerca de los polos).
En latitudes más bajas —como el sur de España, el norte de Marruecos o el centro de Australia—, el clima es cálido y soleado casi todo el año. Las uvas maduran rápido, acumulan mucho azúcar (que luego se convierte en alcohol) y dan vinos potentes, carnosos y con mucho cuerpo. Pero si no se controla bien el riego o la sombra, pueden perder frescura y acidez, esenciales para el equilibrio.
En latitudes más altas —como Alemania, Champagne o incluso el sur de Inglaterra—, el sol es menos intenso y las temperaturas más suaves. Las uvas maduran despacio, conservando su acidez natural y desarrollando aromas sutiles: florales, cítricos, herbáceos… Ideal para vinos ligeros, elegantes y refrescantes, especialmente blancos y espumosos.
Altitud: aire fresco en pleno calor
Ahora, imagina que estás en una región cálida, como el norte de Argentina o el centro de España. En la llanura, hace un calor que derrite el corcho… pero subes 800, 1.000 o incluso 3.000 metros, y de repente el aire es más fresco, las noches son frías y la luz del sol, más intensa. ¡Bienvenido al viñedo de montaña!
La altitud actúa como un “refrigerador natural”. Por cada 100 metros que subes, la temperatura media baja unos 0,6 °C. Esto permite cultivar la vid en zonas que, de otro modo, serían demasiado calurosas. Además, las noches frescas ayudan a la uva a conservar su acidez, mientras que el sol intenso del día favorece la maduración y el color.
Un gran ejemplo es Salta (Argentina), donde hay viñedos a más de 3.000 metros. Allí se elaboran vinos con una rareza sorprendente: son ricos y frutales, pero también frescos y vibrantes. En España, zonas como Méntrida (Toledo) o parte de La Mancha aprovechan altitudes superiores a los 700 metros para obtener vinos con más equilibrio y personalidad que en zonas más bajas.
El extra que da la montaña
Además del frescor, la altitud aporta otro beneficio clave: gran amplitud térmica, es decir, una gran diferencia entre el calor del día y el frío de la noche. Esto hace que la uva madure con calma, acumulando azúcares y aromas de día, y “descansando” de noche, lo que refuerza su estructura y complejidad.
También hay más radiación solar en altura, lo que espesa la piel de la uva y le da más color y taninos —ideal para tintos con cuerpo y longevidad.
Cambio climático y nuevas oportunidades
Con el calentamiento global, muchas regiones tradicionales se están volviendo más cálidas. ¿La solución? Mirar hacia arriba… o más al norte (o al sur, en el hemisferio sur). Cada vez más bodegas exploran viñedos en altura o en latitudes más extremas para mantener la frescura y la identidad de sus vinos.
Incluso países como Inglaterra, antes considerados demasiado fríos, hoy producen espumosos de alta calidad gracias a su nueva “ventana climática”.
En resumen
La latitud define si un lugar es apto para la vid; la altitud lo convierte en especial. Juntas, crean los matices que hacen que cada copa de vino cuente una historia única: de sol y sombra, de montaña y mar, de frescor y fuerza. Así que, la próxima vez que pruebes un vino, fíjate en el mapa: su origen geográfico esconde la clave de su sabor.

Grandes Figuras del Vino en España: De la Historia a la Actualidad
España es tierra de vinos y de historias. Detrás de cada copa hay siglos de tradición y un puñado de personas que han revolucionado, rescatado y difundido la cultura del vino.
Pioneros y Figuras Históricas del Vino en España
Lucio Anneo Séneca (siglo I d.C.) – El filósofo romano del vino hispano
Natural de Córdoba, Séneca ya hacía referencia al vino hispano en sus escritos en época romana. Su testimonio confirma que Hispania era una región vinícola respetada incluso en el Imperio romano.
Los monjes medievales (siglos X-XIII) – Guardianes del viñedo
Durante siglos, los monjes del Císter y del Cluny conservaron y perfeccionaron las técnicas de viticultura. Sus monasterios en regiones como Navarra, La Rioja o Castilla fueron clave para mantener viva la producción de vino.
Marqués de Murrieta (Luciano de Murrieta, siglo XIX) – El iniciador del Rioja moderno
Gracias a sus conocimientos de Burdeos, introdujo el envejecimiento en barrica y fundó en 1852 una de las primeras bodegas modernas de Rioja. Un verdadero pionero.
Marqués de Riscal (Camilo Hurtado de Amézaga) – El impulsor internacional
Contemporáneo del Marqués de Murrieta, creó la bodega Marqués de Riscal y ayudó a consolidar la exportación del vino español con calidad y marca.
Marqués de Falcó (Carlos Falcó, siglo XX) – Modernización e introducción de técnicas internacionales
En el siglo XX, el Marqués de Falcó fue una figura fundamental en la modernización de la viticultura española. Inspirado por métodos franceses y la experiencia internacional, introdujo nuevas técnicas de cultivo y vinificación, favoreciendo la calidad y la reputación del vino español en el mercado global. Su labor fue decisiva para que España abrazara una visión más técnica y profesional en la elaboración del vino, sentando las bases para la competitividad actual.
Isabel Mijares – Pionera enóloga y referente técnico
Primera mujer enóloga de España y una de las mayores impulsoras de la modernización del vino durante el siglo XX. Trabajó como asesora técnica, catadora, divulgadora y formadora.
Figuras Clave del Vino Español en la Actualidad
Álvaro Palacios – El renovador del Priorat y Bierzo
Con vinos como L’Ermita y Corullón, ha llevado el vino español a niveles de prestigio mundial. Un defensor del terruño, la elegancia y la historia en cada copa.
Telmo Rodríguez – El explorador del viñedo español
Ha recuperado zonas y variedades olvidadas por todo el país. Desde su base en Remelluri (Rioja), ha puesto en valor la identidad vitícola regional de España.
Raúl Pérez – El alquimista del Bierzo
Uno de los enólogos más respetados del mundo. Con su estilo artesanal y mínima intervención, ha elevado la uva Mencía a cotas impensables hace dos décadas.
Pedro Ballesteros MW – Embajador internacional del vino español
Primer español en obtener el título de Master of Wine. Su trabajo como formador, jurado y defensor del vino español lo convierte en una voz de autoridad dentro y fuera del país.
Almudena Alberca MW – Primera mujer Master of Wine española
En 2020, Almudena Alberca se convirtió en la primera mujer española en obtener el prestigioso título de Master of Wine. Sumiller y consultora, Almudena ha destacado por su trabajo en la difusión del vino español, tanto en España como en el extranjero. Su enfoque combina rigor técnico con una gran capacidad para comunicar y acercar el mundo del vino a todos los públicos.
José Peñín – El crítico que educó al consumidor español
Fundador de la Guía Peñín, su influencia en la crítica del vino en España es indiscutible. Ha ayudado a crear una cultura del vino más consciente y exigente.
Josep «Pitu» Roca – El sumiller que convirtió el vino en arte
Desde El Celler de Can Roca, connstruyó una de las cartas de vino más respetadas del mundo. Su pasión por los vinos españoles y su visión sensorial lo han hecho imprescindible.
Sara Pérez y René Barbier Jr. – Biodinámica con alma
Al frente de proyectos como Venus La Universal y herederos de dos linajes fundamentales del Priorat, representan una viticultura sostenible, emocional y profundamente conectada al paisaje.
Nuevas Voces del Vino: Divulgadores en Redes Sociales
Andrés Iniesta – El futbolista viticultor
No es solo una estrella del deporte: Andrés Iniesta se ha convertido en un embajador del vino de Castilla-La Mancha con su bodega Bodegas Iniesta, y usa sus plataformas para promocionar el consumo responsable y la cultura vinícola.
Marta Clot- divulgadora digital-somelier
Con un estilo desenfadado y divertido y muy activa en redes, La Marta analiza vinos, maridajes y gastronomía de forma accesible, honesta y cercana. Es una de las voces más escuchadas en el universo digital del vino.

Descubriendo los Vinos de Jerez: ¿Por Qué el Cream es Ideal para Iniciarse?
Los vinos de Jerez, también conocidos como Sherry, son una joya enológica del sur de España, concretamente de la región del Marco de Jerez, en Andalucía. Esta Denominación de Origen..
(DO Jerez-Xérès-Sherry) produce una variedad única de vinos generosos con siglos de historia y carácter. Si estás empezando a explorar este mundo fascinante, este artículo es para ti.
Tipos de Vino de Jerez
La diversidad del vino de Jerez se basa en procesos de crianza muy particulares y en el tipo de uva utilizada, principalmente la Palomino, Moscatel y Pedro Ximénez. A continuación, te explicamos los estilos principales:
1. Fino
Es el vino más seco y delicado de Jerez. Se cría bajo velo de flor, una capa de levaduras que lo protege del oxígeno. Ligero, fresco y con toques almendrados, es ideal para el aperitivo.
2. Manzanilla
Similar al fino, pero producido exclusivamente en Sanlúcar de Barrameda, donde la influencia marina aporta un carácter más salino y sutil.
3. Amontillado
Comienza como un fino, pero tras perder el velo de flor, continúa su crianza en contacto con el oxígeno. Esto le aporta complejidad, cuerpo y notas de avellana o maderas nobles.
4. Oloroso
Criado siempre en contacto con el aire, es un vino más potente, estructurado y seco, con aromas intensos a frutos secos, especias y cuero.
5. Palo Cortado
Una rareza dentro del Jerez. Combina la elegancia del amontillado con la potencia del oloroso. Complejo, elegante y muy valorado por los conocedores.
6. Pedro Ximénez (PX)
Dulce natural, elaborado con uvas pasificadas. Muy oscuro, denso, y con aromas a higos, dátiles, café o regaliz. Perfecto como vino de postre o para acompañar quesos azules.
7. Moscatel
Otro vino dulce, más floral y aromático que el PX, elaborado con uvas Moscatel. Ideal para paladares golosos.
8. Cream
Aquí llegamos a uno de los estilos más accesibles para los nuevos aficionados: el Cream. Se elabora mezclando vino oloroso (seco) con Pedro Ximénez (dulce), lo que da como resultado un vino de carácter suave, goloso pero equilibrado.
¿Por Qué el Cream es Perfecto para Empezar?
El vino Cream tiene un perfil amable y redondeado que lo hace ideal para quienes se inician en el mundo del Jerez:
- Dulzura equilibrada: su dulzor no es empalagoso gracias a la base de vino seco (oloroso), lo que le aporta cuerpo y estructura.
- Versatilidad: puede disfrutarse solo, ligeramente frío, con postres, quesos curados o incluso con platos agridulces.
- Fácil de entender: su sabor es directo, sin la complejidad extrema de otros estilos más secos o intensos.
Si nunca has probado un vino de Jerez, el Cream es una puerta de entrada fantástica. Y una vez que te familiarices con sus matices, te será más fácil explorar estilos más secos o complejos como el amontillado o el palo cortado.
En resumen
El vino de Jerez es una de las expresiones vinícolas más ricas y diversas del mundo. Desde la finura del fino hasta la profundidad del oloroso, hay un estilo para cada gusto. Pero si estás dando tus primeros pasos en este mundo, el Cream te ofrece una bienvenida cálida, dulce y equilibrada.
¿Te animas a descubrirlo?

Las categorías del vino alemán: una guía sencilla para no perderse
Cuando pensamos en vinos alemanes, probablemente se nos venga a la cabeza el famoso Riesling, sus notas afrutadas y esa elegancia refrescante. Pero si alguna vez has leído..
… una etiqueta de vino alemán y te has sentido como frente a un jeroglífico… ¡no estás solo! Alemania tiene un sistema de clasificación muy particular, y hoy vamos a desmenuzarlo paso a paso para que sepas qué estás bebiendo y puedas elegir con confianza.
Primero, lo básico: calidad antes que cantidad
En Alemania, los vinos se clasifican según la madurez de la uva al momento de la cosecha, no por el contenido de azúcar en el vino final (aunque eso influye). Cuanto más maduras las uvas, más cuerpo, complejidad y potencial tiene el vino. Así que vamos a ver las categorías principales, de menor a mayor nivel.
1. Deutscher Wein (Vino de Alemania)
Es la categoría más básica. Son vinos producidos en Alemania, pero sin especificar una región ni cumplir requisitos de calidad elevados. Suelen ser sencillos, frescos y económicos. No es lo que encontrarás en una cata premium, pero pueden ser una opción ligera para el día a día.
2. Landwein (Vino regional)
Aquí ya hablamos de un vino con origen regional reconocido. Son un poco más estructurados que los anteriores, y deben cumplir con ciertos criterios, como tener un estilo seco o semi-seco. Piensa en ellos como vinos de mesa con un toque extra de carácter.
3. Qualitätswein (Vino de calidad)
¡Aquí empieza lo interesante! Estos vinos deben proceder de una de las 13 regiones vinícolas oficiales de Alemania (como Mosel, Rheingau o Pfalz) y pasar pruebas de calidad. Pueden ser secos, semisecos o dulces, y ya muestran la identidad de su región y variedad de uva.
4. Prädikatswein (Vino con distinción)
Esta es la categoría más alta del vino alemán. Se basa exclusivamente en el nivel de madurez natural de la uva al cosecharla. Aquí no se permite añadir azúcar para subir el grado alcohólico (algo que sí se permite en otras categorías). Dentro de esta categoría hay seis subniveles, según la madurez de la uva:
- Kabinett: Vinos ligeros, elegantes, frescos. Perfectos para el verano. Pueden ser secos o con un toque dulce.
- Spätlese («cosecha tardía»): Más cuerpo, más aroma. Las uvas se recogen más maduras. Excelente para maridar con comidas especiadas.
- Auslese («selección de uvas»): Solo se usan las uvas más maduras y seleccionadas. Más intensidad, más dulzor natural.
- Beerenauslese: Uvas sobremaduras, a menudo afectadas por botrytis (podredumbre noble). Vinos de postre concentrados y deliciosos.
- Trockenbeerenauslese: Uvas prácticamente pasificadas. Son vinos extremadamente dulces y complejos, muy escasos y caros.
- Eiswein (vino de hielo): Las uvas se cosechan congeladas de forma natural. Altísima concentración de azúcar y acidez. Una joya vinícola.
¿Y qué pasa con el “Trocken” o “Halbtrocken”?
Verás estas palabras muy seguido:
- Trocken = seco
- Halbtrocken = semiseco
Estas etiquetas te dicen cuánta azúcar tiene el vino final, independientemente del nivel de madurez de la uva. Por ejemplo, puedes tener un Riesling Spätlese Trocken, que será un vino hecho con uvas maduras, pero vinificado como seco.
Conclusión: entender las etiquetas te abre un mundo de sabores
El sistema alemán puede parecer complicado al principio, pero una vez lo conoces, te permite elegir exactamente el tipo de vino que más te gusta: ¿ligero y seco? ¿Dulce y sedoso? ¿Aromático y con cuerpo? Hay un vino alemán para cada ocasión.
¿Te animas a explorar?
Ahora que ya sabes leer las etiquetas alemanas como un experto, te invitamos a probar diferentes estilos y descubrir la increíble diversidad que ofrecen estos vinos. Desde una copa de Riesling Kabinett bien frío hasta un lujoso Eiswein, Alemania tiene sorpresas para todos los gustos. ¡Prost! 🍷
Si necesitas recomendaciones o quieres descubrir vinos alemanes únicos, no dudes en ponerte en contacto conmigo.

¿Por qué en España se llama vino tinto y en el resto del mundo Red wine?
La respuesta es simple: en España el vino se teñía y en el resto del mundo, no.¿sorprendidos? Os cuento
el porqué.
Teñir el vino significa añadir sustancias para hacer su color más oscuro y atractivo, lo que antes se consideraba calidad.
El teñido del vino en España tiene raíces históricas y culturales relacionadas con la mejora de la apariencia del vino, especialmente su color. Esta práctica se documenta principalmente desde los siglos XVIII y XIX, aunque sus orígenes son más antiguos.
Orígenes históricos
Época romana y medieval:
Los romanos ya usaban ciertas sustancias para modificar el color y sabor del vino, como resinas o incluso higos secos.
En la Edad Media, se experimentaba con mezclas, pero no se trataba tanto de teñir como de conservar o aromatizar.
Siglos XVIII-XIX:
Con el crecimiento del comercio del vino, especialmente hacia América y el norte de Europa, el color del vino pasó a ser un factor estético de calidad.
Algunos vinos españoles, al ser más ligeros o menos intensos en color, se “teñían” para satisfacer mercados que valoraban vinos oscuros.
¿Con qué se teñía el vino?
Según la región, o la picaresca, se utilizaban diferentes métodos:
Vino tinto muy concentrado o de uvas tintoreras (como la Alicante Bouschet, Garnacha Tintorera).
Mosto concentrado o cocido.
Colorantes naturales: como antocianos extraídos de pieles de uva.
En algunos casos ilegales, colorantes artificiales como el fucsina (hoy prohibido).
Aspecto legal y ético
A partir del siglo XX, y con regulaciones más estrictas, se empezó a controlar esta práctica.
Hoy día, la legislación española y europea prohíbe teñir el vino con sustancias que no estén permitidas por la OIV (Organización Internacional de la Viña y el Vino).
Sin embargo, se permiten uvas naturalmente muy pigmentadas (como la garnacha tintorera) para intensificar color sin aditivos.
¿Por qué se hacía en España?
En muchas regiones, especialmente con climas más cálidos, los vinos podían resultar más ligeros en color debido a prácticas enológicas tradicionales o tipos de uva.
El consumidor europeo, sobre todo en Francia e Inglaterra, prefería vinos de color intenso, por lo que se recurría al teñido para cumplir esas expectativas.
Conclusión
El teñido del vino en España surgió como una respuesta comercial a las demandas del mercado, con prácticas que evolucionaron desde el uso de uvas muy pigmentadas hasta la adición de sustancias externas. Hoy está regulado y solo se permite intensificar el color mediante medios naturales y legales.

Cómo organizar una cata de
vinos inolvidable
Organizar una cata de vinos puede ser mucho más que simplemente servir varias botellas a un grupo
de invitados.
Una cata bien planificada transforma el encuentro en una experiencia sensorial y educativa, donde cada participante puede explorar aromas, sabores y la historia que cada vino encierra. Para que el evento sea memorable, es fundamental prestar atención a varios aspectos, desde la selección de los vinos hasta la ambientación y la guía de la degustación
El primer paso es definir el objetivo de la cata. ¿Se trata de una experiencia educativa para aficionados, un evento corporativo, o un encuentro social entre amigos? Esta decisión influirá directamente en la selección de vinos, el ritmo de la cata y el nivel de detalle que se debe proporcionar durante la explicación de cada botella. Por ejemplo, una cata para principiantes puede enfocarse en reconocer aromas básicos y diferenciar variedades, mientras que un evento para expertos podría profundizar en técnicas avanzadas de cata y maridajes complejos.
La elección de los vinos es otro punto crucial. Es recomendable incluir referencias de distintas regiones, estilos o variedades para ofrecer diversidad y dinamismo. Además, se pueden incorporar vinos locales o etiquetas menos conocidas para despertar curiosidad y generar conversación. La temperatura, el tipo de copa y el orden de servicio también impactan directamente en la experiencia sensorial y deben cuidarse con atención.
Durante la cata, la explicación de cada vino debe combinar información técnica y narrativa. Contar la historia de la bodega, el proceso de elaboración y las características de la variedad ayuda a conectar emocionalmente con los participantes. Además, incluir ejercicios prácticos como identificar aromas o comparar vinos similares fomenta la participación activa y el aprendizaje.
Finalmente, la ambientación y la logística también son importantes. Un espacio cómodo, buena iluminación y un ritmo adecuado permiten que los asistentes disfruten plenamente de la experiencia sin sentirse apresurados. Con la planificación correcta y la guía de un profesional, una cata de vinos puede convertirse en un recuerdo duradero, donde el aprendizaje y el disfrute se combinan de manera armoniosa.

La importancia del maridaje en eventos
y celebraciones
El maridaje entre vinos y gastronomía es un arte que puede transformar cualquier comida en una experiencia inolvidable.
Elegir el vino adecuado para cada plato no solo potencia los sabores, sino que también genera sensaciones equilibradas y memorables para los comensales. En eventos, bodas o cenas corporativas, un maridaje bien pensado puede marcar la diferencia entre una experiencia estándar y una experiencia que los invitados recordarán con detalle
El primer aspecto a considerar es la armonía de sabores. La intensidad del vino debe complementarse con la del plato, evitando que uno opaque al otro. Por ejemplo, un plato ligero y delicado se beneficia de vinos frescos y suaves, mientras que platos más robustos requieren vinos con cuerpo y estructura. También es importante considerar la acidez, el dulzor y los taninos del vino para lograr equilibrio y realzar las características de cada ingrediente.
Otro factor clave es la creatividad. Incorporar combinaciones inesperadas, como vinos de regiones poco conocidas o técnicas de maridaje innovadoras, puede sorprender y deleitar a los invitados. Los maridajes no solo se limitan al sabor; también influyen en la textura, el aroma y la presentación del plato. Por eso, cada elección debe analizarse cuidadosamente para crear una experiencia integral.
La planificación de un evento con maridajes implica coordinar tiempos, servicio y logística. Los vinos deben servirse a la temperatura correcta y en el momento adecuado, siguiendo un orden que respete la progresión de los platos. Además, es recomendable incluir explicaciones breves para que los invitados comprendan la relación entre el vino y cada preparación, aumentando el disfrute y el valor educativo del evento.
Por último, el maridaje también aporta un valor emocional. Los invitados no solo disfrutan de la combinación de sabores, sino que también viven un momento de conexión con la cultura del vino y la gastronomía. Ya sea en bodas, cenas privadas o eventos corporativos, un maridaje bien planificado y ejecutado convierte cualquier ocasión en un recuerdo duradero, donde el vino y la comida se complementan de manera armoniosa.
